El documento está firmado y publicado, pero casi nadie lo leyó entero. Siete pasos para convertirlo en un curso e-learning donde cada persona practica qué hacer, sin cambiar lo que dice el documento.
Un protocolo, un reglamento interno o un procedimiento suelen estar bien escritos. Están hechos para ser correctos, no para enseñar: definen, enumeran y remiten a artículos. Por eso se firman, se publican en la intranet y casi nadie los recorre completos.
Convertirlo en curso no es resumirlo ni hacerlo más entretenido. Es cambiar la pregunta: de «¿qué dice el documento?» a «¿qué tiene que saber hacer una persona con lo que dice?».
Antes de escribir una línea, confirma que tienes la última versión y su fecha. Si el documento se apoya en una norma, revisa que la norma no haya cambiado desde que se escribió. Un curso que enseña bien un texto desactualizado es peor que no tener curso.
Lee el documento buscando decisiones, no contenidos. Casi siempre salen entre tres y cinco. Algunos ejemplos de cómo se ven, según el documento:
Anota al lado de cada decisión la sección o el artículo del que sale. Esa lista es el esqueleto del curso.
Una regla se entiende de verdad cuando hay que aplicarla. Por cada decisión, arma una situación breve y concreta, con opciones plausibles, y una retroalimentación que explique por qué la correcta es la correcta, citando la regla.
Las opciones incorrectas importan tanto como la correcta: conviene que sean los errores que de verdad se cometen en tu empresa, no alternativas absurdas que nadie elegiría.
Aquí es donde un curso normativo se juega la credibilidad. Al simplificar es fácil que se cuele algo que el documento no dice: un plazo redondeado, una excepción que nadie escribió, un ejemplo presentado como regla.
La práctica que evita ese error es simple de describir y exigente de cumplir: cada afirmación del curso lleva la referencia al fragmento del documento del que sale, y antes de entregar se revisa frase por frase contra la fuente. Lo que no tiene respaldo, no pasa. Es también lo que te permite responder con el artículo en la mano si alguien cuestiona el curso.
Una evaluación que pregunta «¿cuántos días tiene el plazo?» mide memoria. Una que plantea un caso y pregunta «¿qué haces?» mide si la persona sabe aplicar la regla. Usa las mismas decisiones del paso 2 para armar las preguntas, y define de antemano con qué porcentaje se aprueba.
Si tu empresa tiene una plataforma de aprendizaje (LMS), el curso tiene que poder cargarse y reportar avance y nota. El estándar más compatible es SCORM 1.2: lo aceptan la mayoría de las plataformas del mercado. Antes de publicarlo, pruébalo en la plataforma real: que abra, que guarde dónde quedó la persona y que registre el resultado.
Las normas cambian, y el documento con ellas. Si cada afirmación del curso está vinculada a su fuente (paso 4), cuando cambia un artículo sabes exactamente qué pantallas quedaron desactualizadas y no tienes que revisar todo el curso de nuevo.
Del método con el que producimos nuestros cursos. Los ejemplos vienen de nuestro curso de ejemplo de Ley Karin, que es una demostración y no una capacitación validada. Para las reglas de Ley Karin que se mencionan, revisa nuestras guías Denuncia por Ley Karin, paso a paso y con plazos y Las tres conductas que sanciona la Ley Karin.
Mándanos tu protocolo, reglamento o manual. En 24 horas hábiles te devolvemos, sin costo, las decisiones que tendría que saber tomar tu equipo, cada una con su fuente, cómo quedaría el curso, y precio y fecha.
Mandar mi documento por WhatsAppSolo pedimos que venga sin datos personales. Lo usamos únicamente para preparar la muestra y no te obliga a nada. O mira antes el curso de ejemplo de Ley Karin.